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Caracas / Venezuela -
 


¿En qué momento se jodió Colombia?
Angel Carrillo Lugo / Semanario Las Verdades de Miguel No. 8 (Venezuela) - 21/05/04

En honor a la verdad y a la honestidad periodística, debo expresar a los lectores que el título de las presentes líneas no nos pertenece. Fue Plinio Apuleyo Mendoza, veterano columnista del periódico colombiano "El Tiempo", en el año de 1990, quien así tituló una de sus reflexiones sobre la vida de su país.

Con la advertencia de que nunca es fácil determinar cuándo la historia de un país cambia de rumbo, Plinio Aputeyo Mendoza precisa el momento en que a su juicio Colombia se jodio. Fue a la 1:05 minutos de la tarde del día 9 de abril de 1948, en la carrera séptima de Bogotá, entre la calle 14 y la avenida Jiménez.

Así narra Mendoza el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán: "Oí los tres disparos que marcarían para el resto del siglo nuestro destino aciago. Vi, desde un segundo piso, al hombre de abrigo oscuro que caía en el andén. Segundos después, llegaba al lugar donde yacía, tendido de espaldas, inmóvil, frente a la puerta de un edificio. Me incliné sobre él. Bajo sus espesos cabellos negros peinados hacia atrás, su cara de rasgos fuertes y mestizos parecía triste, casi amarga, la luz del día se congelaba en el vidrio de sus ojos. Las pestañas le temblaban ligeramente. Era la única señal de vida que le quedaba. Sí, era Gaitán, y aquella imagen nunca pude olvidarla".

Nada, a partir de aquel momento sería igual que antes en Colombia. Contrariamente a lo que tanto se ha expresado, la violencia no es un fenómeno endémico ligado a los orígenes mismos de la vida de Colombia como nación y a su idiosincrasia. Colombia, como tantas otras naciones, ha tenido tiempos de guerra y largos tiempos de paz. Sería mentir afirmar que la violencia en Colombia se inició el día en que fue asesinado el "Indio" Gaitán, porque la violencia empezó antes. Pero la violencia anterior a 1947 no era en realidad sino la aplicación de un viejo expediente, de un sistema tristemente habitual para consolidar el partido que acababa de llegar al poder.

El regreso del conservatismo al poder en 1946 y su inocultable proyecto de consolidarse de igual manera que lo habían hecho sus adversarios en la década del 30, produjo esta vez una hecatombe. La fuerza de liderazgo mostrada por Gaitán acabó imponiéndolo como jefe único del liberalismo, dándose dentro de ese partido un proceso de renovación que lo convertiría milagrosamente en una nueva alternativa popular. Fue así como a partir de 1946 se planteó en Colombia una aguda polarización política y social. Por un lado el gobierno, apoyado por un partido conservador minoritario, quien representaba a la derecha tradicional, y por el otro la oposición constituida por una izquierda mayoritaria, tumultuosa, electrizada por un líder.

El 9 de abril de 1948 ocurrió la más tremenda insurrección popular que haya vivido Colombia y que se conoce como "El bogotazo". Ardió el centro de Bogotá, periódicos conservadores fueron incendiados y saqueados, también iglesias, dirigentes conservadores debieron ocultarse. El viejo y enorme país rural, que había vivido en una relativa paz desde la última guerra civil, fue arrasado por este huracán de terror, desplazado, sus raíces arrancadas de cuajo, impregnado de odio, envuelto en una liturgia de sangre y sin más defensa que la que podrían asegurarle las armas.

Surgieron guerrillas que en su origen fueron puramente liberales y que con el tiempo se desnaturalizarían. Es así como se rompió, el 9 de abril de 1948, no sólo el hilo institucional del país, sino también un proceso evolutivo de la sociedad colombiana.

Con la muerte de Gaitán, la violencia apareció como protagonista determinante de cambios políticos y se introdujo, en sectores populares, urbanos y campesinos, el escepticismo sobre la legitimidad de los medios democráticos para subir al poder.

Luego de un período dictatorial de 1953 a 1957. Los partidos tradicionales, con exclusión de las demás agrupaciones políticas, pactaron lo que se llamó "El Frente Nacional", que permitió a los liberales y conservadores alternarse en el poder durante dieciséis años. "El Frente Nacional" fue el remedio de un mal endémico -el sectarismo político de liberales y conservadores- pero legó a Colombia dos llagas funestas: el clientelismo político y la subversión.

Los grupos guerrilleros que actualmente operan en el país, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Unión Camilista-Ejército de Liberación Nacional (UC-ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL) tuvieron su origen en la década de los años sesenta.

Las FARC tuvieron su origen en 1964, como forma de autodefensa frente a la persecución desatada contra las formas de organización campesina lideradas entonces por el Partido Comunista. Luego, en la década de los años setenta construyeron una estrategia política global frente al Estado colombiano. En la actualidad están formadas por cerca de 25 mil combatientes, organizados en 70 frentes distribuidos en todo el país. La UC-ELN surgió en 1965. Se calcula que cuenta con unos 10 mil combatientes, organizados en 30 frentes. El EPL tuvo su origen en 1968. Otros grupos guerrilleros, surgidos en las décadas de los 70 y 80, firmaron acuerdos de paz con los gobiernos de Barco y Gaviria, para convertirse en movimientos o partidos políticos. Son éstos el Movimiento 19 de Abril -M19-, el Partido revolucionario de los Trabajadores -PRT- y el Movimiento Quintín Lame. Las FARC, La UC-ELN y el EPL, no obstante sus diferencias de trayectoria, políticas e ideológicas, conforman la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar.

Ante el surgimiento de las guerrillas y su cada vez mayor influencia sobre la población campesina y sobre los movimientos populares urbanos, el Estado colombiano desarrolló, desde los años sesenta, una estrategia contrainsurgente bajo la orientación de la llamada "doctrina de la seguridad nacional" que no ha reconocido límites a los objetivos y a los medios empleados para la guerra, afectando a la población civil y dando lugar a crímenes de lesa humanidad, cometidos en muchas ocasiones con particular sevicia, con un saldo de graves violaciones a los derechos humanos.

Bajo el amparo de dichas normas, miembros de la Fuerza Pública entrenaron, dotaron de armamento y adoctrinaron habitantes en zonas de conflicto con la finalidad de involucrar de manera directa a la población dentro de la confrontación y apoyar a los cuerpos oficiales en la lucha contrainsurgente.

El paramilitarismo, en los últimos veinte años, ha sido un modo irregular de enfrentar a la guerrilla, que combina las operaciones encubiertas de sectores de la fuerza pública con la acción armada de grupos llamados de autodefensa.

De modo que a los agentes del drama de la violencia colombiana, a la subversión y al terrorismo, se agregó, a partir de los años sesenta, una creación de la oligarquía y del gobierno: el paramilitarismo.

Toda esta historia, narrada a zancadas, viene porque el domingo 9 de mayo de este año, el pueblo venezolano supo de la detención de decenas de paramilitares colombianos en la zona sur de Caracas, sede de todos los poderes nacionales. ¿Qué se persigue con paramilitares en Venezuela?

A nuestro modo de ver, se buscaba alcanzar cuatro objetivos fundamentales.

  • El primero, la cabeza del Presidente Chávez.
  • El segundo, la desestabilización social, económica y política del país, mediante "acciones encubiertas" planificadas y debidamente orientadas.
  • El tercero vendría como consecuencia del anterior, y consistiría en "montar" un gobierno de "transición", para superar el caos existente en el país por las acciones encubiertas señaladas.
  • Y cuarto, una vez cumplidas las anteriores etapas, disponer a placer, a través de las grandes corporaciones transnacionales, del petróleo y demás fuentes energéticas de Venezuela.

Grandes sectores de la población venezolana quizá no tienen clara conciencia de la catástrofe que se nos avecina, ya que desconoce la táctica, la estrategia y las herramientas imprescindibles para evitarla. Nos han desarmado de tal forma mediante métodos de indoctrinación, que en muchas personas, incluso con formación académica pero con un analfabetismo político nada diferente al de la mayoría, aparece la sensación de impotencia, de ansiedad, de resignación, de conformismo, de callejón sin salida.

Esto último es lo que nos ha llevado a escribir todo lo anterior, para tratar de contribuir a sensibilizar, alertar y persuadir sobre la necesidad de unirnos alrededor de un sentimiento venezolanista, como única opción para luchar por la Venezuela que merecemos nosotros y quienes vendrán después de nosotros.


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