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Caracas / Venezuela -
 


Sembrar el petróleo
Arturo Uslar Pietri* / Diario Ahora (Venezuela) - 11/01/06

Editorial en el Diario Ahora - 14 de Julio de 1936

Cuando se considera con algún detenimiento el panorama económico y financiero de Venezuela se hace angustiosa la noción de la gran parte de economía destructiva que hay en la producción de nuestra riqueza, es decir, de aquella que consume sin preocuparse de mantener ni de reconstituir las cantidades existentes de materia y energía. En otras palabras la economía destructiva es aquella que sacrifica el futuro al presente, la que llevando las cosas a los términos del fabulista se asemeja a la cigarra y no a la hormiga.

En efecto, en un presupuesto de efectivos ingresos rentísticos de 180 millones, las minas figuran con 58 millones, o sea casi la tercera parte del ingreso total, sin numerosas formas hacer estimación de otras numerosas formas indirectas e importantes de contribución que pueden imputarse igualmente a las minas. La riqueza pública venezolana reposa en la actualidad, en más de un tercio, sobre el aprovechamiento destructor de los yacimientos del subsuelo, cuya vida no es solamente limitada por razones naturales, sino cuya productividad depende por entero de factores y voluntades ajenos a la economía nacional. Esta gran proporción de riqueza de origen destructivo crecerá sin duda alguna el día en que los impuestos mineros se hagan más justos y remunerativos, hasta acercarse al sueño suicida de algunos ingenuos que ven como el ideal de la hacienda venezolana llegar a pagar la totalidad del Presupuesto con la sola renta de minas, lo que habría de traducir más simplemente así: llegar a hacer de Venezuela un país improductivo y ocioso, un inmenso parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y abocado a una catástrofe inminente e inevitable.

Pero no sólo llega a esta grave proporción el carácter destructivo de nuestra economía, sino que va aún más lejos alcanzando magnitud trágica. La riqueza del suelo entre nosotros no sólo no aumenta, sino tiende a desaparecer. Nuestra producción agrícola decae en cantidad y calidad de modo alarmante. Nuestros escasos frutos de exportación se han visto arrebatar el sitio en los mercados internacionales por competidores más activos y hábiles. Nuestra ganadería degenera y empobrece con las epizootias, la garrapata y la falta de cruce adecuado. Se esterilizan las tierras sin abonos, se cultiva con los métodos más anticuados, se destruyen bosques enormes sin replantarlos para ser convertidos en leña y carbón vegetal. De un libro recién publicado tomamos este dato ejemplar: «En la región del Cuyuní trabajaban más o menos tres mil hombres que tumbaban por término medio nueve mil árboles por día, que totalizaban en el mes 270 mil, y en los siete meses, inclusive los Nortes, un millón ochocientos noventa mil árboles. Multiplicando esta última suma por el número de años que se trabajó el balatá, se obtendrá una cantidad exorbitante de árboles derribados y se formará una idea de lo lejos que está el purguo». Estas frases son el brutal epitafio del balatá, que, bajo otros procedimientos, hubiera podido ser una de las mayores riquezas venezolanas.

La lección de este cuadro amenazador es simple: urge crear sólidamente en Venezuela una economía reproductiva y progresiva. Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales.

La parte que en nuestros presupuestos actuales se dedica a este verdadero fomento y creación de riquezas es todavía pequeña y acaso no pase de la séptima parte del monto total de los gastos. Es necesario que estos egresos destinados a crear y garantizar el desarrollo inicial de una economía progresiva alcance por lo menos hasta concurrencia de la renta minera.

La única política económica sabia y salvadora que debemos practicar, es la de transformar la renta minera en crédito agrícola, estimular la agricultura científica y moderna, importar sementales y pastos, repoblar los bosques, construir todas las represas y canalizaciones necesarias para regularizar la irrigación y el defectuoso régimen de las aguas, mecanizar e industrializar el campo, crear cooperativas para ciertos cultivos y pequeños propietarios para otros.

Esa sería la verdadera acción de construcción nacional, el verdadero aprovechamiento de la riqueza patria y tal debe ser el empeño de todos los venezolanos conscientes.


Si hubiéramos de proponer una divisa para nuestra política económica lanzaríamos la siguiente, que nos parece resumir dramáticamente esa necesidad de invertir la riqueza producida por el sistema destructivo de la mina, en crear riqueza agrícola, reproductiva y progresiva: sembrar el petróleo.



¿Qué significa "Sembrar el petróleo"?

Fuente:
PDVSA


El 14 de julio de 1936, el diario caraqueño Ahora publicaba un artículo títulado "Sembrar el petróleo", del escritor venezolano Arturo Úslar Pietri, quien planteó la necesidad de redireccionar los recursos provenientes de la renta petrolera hacia el impulso del sector no petrolero de la economía nacional, con miras al desarrollo integral del país.

El significado de la frase "Sembrar el petróleo" se resume en el siguiente párrafo del artículo de Uslar Pietri

"Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales."

La política petrolera del Gobierno Bolivariano, liderado por el Presidente Hugo Chávez, da vida a este pensamiento que por muchos años no dejó de ser letra muerta en nuestro país.

Este planteamiento de Uslar Pietri sirvió de inspiración para bautizar el conjunto de planes y proyectos de desarrollo de la industria petrolera nacional, denominado  Plan Siembra Petrolera 2005-2030.




Protesta el hijo de Uslar Pietri
María Angélica Correa / Revista Zeta - No. 1528 - 26/08/05


"Me enfurece que el Presidente utilice el nombre de papá para destruir a PDVSA", afirma el hijo de Arturo Uslar Pietri refiriéndose a la interpretación que dio Hugo Chávez cuando bautizó su nuevo plan petrolero con la famosa frase del fallecido escritor; "La siembra del petróleo".


El pasado 18 de julio durante la presentación de los Planes Estratégicos de PDVSA hasta el 2030, Hugo Chávez hizo una alegoría entre su "siembra petrolera" y "La siembra del petróleo" de Arturo Uslar Pietri, que fue publicada el 14 de julio de 1936, en un editorial en el diario "Ahora". El joven Uslar Pietri, quien para la época fungía como funcionario del Ministerio de Educación en el gobierno del general Eleazar López Contreras, señala la existencia de una economía destructiva en la producción de la riqueza petrolera. Y es que esa Venezuela del 1936 venía de 27 años de "la entrega de gran parte del subsuelo nacional a consorcios extranjeros por el despotismo de Juan Vicente Gómez", según lo relatado por Rómulo Betancourt en sus escritos.

Es la teoría sobre qué hacer con las ganancias del petróleo. El cómo lograrlo, es la diferencia entre su tesis, de estimular las concesiones, a través de una política económica liberal para alcanzar el desarrollo del país antes de que el petróleo se convierta en una fuente energética secundaria; y la de Juan Pablo Pérez Alfonso, que plantea "la máxima conservación del recurso no renovable", "no más concesiones" o sea la tesis nacionalista de la industria petrolera. En ese famoso editorial, Uslar advirtió hace 69 años, con una visión asombrosa, que de no invertir la riqueza producida, Venezuela se convertiría en un.. ."parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y abocada a una catástrofe inminente e inevitable".

Federico Uslar Braun, hijo del hoy fallecido escritor, Arturo Uslar Pietri, considera que Chávez interpretó erróneamente la visión petrolera de su padre: "Papá era diametralmente opuesto a lo que el Presidente dice, porque era de apertura total, de empresas, de comercio y llegaba más lejos, los Estados modernos no son dueños de ninguna empresa. Que las transnacionales, empresarios, como los quieras llamar, ganen mucho dinero, produzcan muchas fuentes de trabajo y entonces paguen impuesto al Estado, para ser invertido en salud, educación, en seguridad... y punto. Mientras menos estatistas e interventores sean, la economía de un país progresa más, de lo contrario estos países van a la quiebra, a la ruina absoluta como es el caso de Venezuela".

- En Últimas Noticias el Gobierno publicó una propaganda del nuevo Plan de PDVSA con una imagen de tu papá y la de Juan Pablo Pérez Alfonzo... y una parte del texto dice: "(...) porque sus palabras marcaron el camino (...) y, ahora, para la integración de nuestros pueblo..."

- Me enfurece más todavía. ¡La ignorancia del Presidente es tan grande!.. Papá y Pérez Alfonzo tuvieron un debate memorable, en el que eran diametralmente opuestos. Quizás la teoría del Presidente es más parecida a la de Pérez Alfonzo, pero la de mi padre es completamente distinta. Papá llamaba a Chávez: el "ignorante delirante".

 



Lectura relacionada:

El Plan Estratégico de la Nueva PDVSA:
¡Un nuevo salto al abismo!

Red Alerta Petrolera-Orinoco Oilwatch / Soberania.org - 27/08/05

 


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