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Caracas / Venezuela -
 


La lucha contra la corrupción en Venezuela
Francisco Rivero Valera * / Soberania.org - 18/04/06

La corrupción en Venezuela es un karma que ha hecho explosión en la era democrática.

Recuerdo que en la década de los 60, el Presidente Rómulo Betancourt   se erigió como ejemplo de lucha contra la corrupción de su gobierno y, en un discurso emocionado para todo el país,  dijo:


“Que se me quemen las manos si alguna vez las he metido en el tesoro público”.


Y accidentalmente se las quemaron, en un atentado en la Avenida los Próceres de Caracas. Después,  surgió Carlos Andrés Pérez en la escena política durante 2 períodos de gobierno. La realidad de su discurso era totalmente contradictoria: por una parte expresaba la necesidad de luchar contra la corrupción y, por otra, ejecutaba operaciones  administrativas poco transparentes mientras que sus aliados hacían realidad el sueño de enriquecerse de un día para otro con ilícitos. Decían: “no importa el sueldo, lo importante es que me pongan donde hay”.Y se presentó la explosión de la corrupción en forma  exponencial e incontrolada.

Después de esa explosión en los gobiernos de Carlos Andrés Pérez,  la corrupción en Venezuela se ha transformado en una bola de nieve, aumentando progresivamente de tal manera que  ha logrando escalar posiciones  tan graves que los indicadores están encendidos  en rojo. Y uno de los indicadores es el Índice de Percepción de  la Corrupción (IPC).  El IPC pertenece a  la organización no gubernamental Transparencia Internacional, diseñado con encuestas compuestas que incluyen la percepción de empresarios y analistas venezolanos y extranjeros sobre la corrupción de funcionarios públicos y políticos en 158 países. Según el último informe emitido en Berlín y Londres el 18-10-05, Islandia, Finlandia y Nueva Zelanda ocupan las 3 primeras posiciones como menos corruptas, y Venezuela   el lugar 130 junto con la República del Congo, Burundi, Camboya, Papua Nueva Guinea, Kirguistan y Georgia, como países con alta corrupción.

Si tomamos en cuenta que en  1998   nuestro país ocupó el puesto 77 y en 1999 el puesto 75, entre 99  países, observaremos  que estamos ubicados 10 puestos por encima en el 2005,  como  3er país  más corrupto de toda América después de Haití y Paraguay. Por otra parte, si  consideramos que la  corrupción y la pobreza caminan juntos como hermanos, esta situación de alta corrupción se corrobora con el  Índice de Desarrollo Humano (IDH) 2005, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). EL IDH  está  alertando  a nuestro país sobre su camino hacia la pobreza al  ocupar el puesto 75 en el 2005  a cambio de la  posición 68 en el 2004.
Sin embargo, y lamentablemente, por razones políticas de nuestro país, algunas personas  están subestimando los resultados de estos indicadores y están ocultando la cabeza como el avestruz frente al problema, a diferencia de los gobiernos  de Chile, Colombia, Argentina, México y Costa Rica que, después de  evaluar el informe,  han  diseñado estrategias  públicas en la lucha contra este destructivo factor del desarrollo.

Estos países han entendido que  la corrupción es el robo frío y calculado de  las oportunidades de los hombres, mujeres y niños menos capaces de protegerse a si mismos (Nussbaum) por el abuso en los cargos públicos, en beneficio particular de los empleados. Es el principal factor de  pobreza de los pueblos porque transforma  la economía en un saco sin fondo, haciendo fracasar todos los proyectos de los gobiernos en    disminuir la miseria, según la experiencia vivida con  19 países  pobres y altamente endeudados que  recibieron la condonaciòn de sus deudas externas y, sin embargo, han continuado presentado el IPC  en niveles serios o graves. Definitivamente, esos recursos han sido devorados por la corrupción.

La lucha contra la corrupción debe ser sincera, permanente, sin complacencias y enérgica.
Muchos países están ejecutando medidas  de lucha muy enérgicas  contra la corrupción organizada. Algunos, con medidas  extremas, otros con actitudes complacientes e ineficaces. Cito, como ejemplo,  a los países islámicos  y a Venezuela. En los países islámicos aplican la Charia  (Sharia), código penal  que sentencia amputar las manos a los ladrones y colgar en las plazas publicas a los delincuentes. En Venezuela somos más “civilizados”: por ejemplo, en  la industria más importante de este  país  se premian a los corruptos denunciados con el disfrute de las  vacaciones pendientes, cursos en el exterior o, simplemente, con la transferencia a otro puesto de trabajo de mayor jerarquía, donde continuarán su obra de corrupción. Mientras que al denunciante  le dan por concluida su relación laboral con la empresa.

Ante esta situación tan dramática de la corrupción, si se  aplicara la Charia en nuestro país, más de uno quedaría sin  manos y las plazas colapsarían de colgados; sin embargo, sin caer en esos extremos, creo que cada venezolano, la Contraloría General de la República y  la Nueva Asamblea Nacional deben entender que existe la urgente necesidad de aprobar medidas enérgicas, concretas y no contradictorias contra la  corrupción. De lo contrario, se estará contribuyendo  para que ese  karma  de la corrupción sea implacable en la destrucción del proceso revolucionario, del gobierno y de  nuestro país y, en cualquier momento, hasta para que  se cambie el nombre de la Venezuela Bolivariana   a  la Venezuela corrupta.

 Y que Dios nos proteja.

 



(*) Dr. Francisco Rivero Valera / Médico Cardiólogo / E-mail:
riverovfrancisco@hotmail.com






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