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Caracas / Venezuela -
 


De la vieja PDVSA a la “PDVSA del pueblo”
Soberania.org - 18/05/06


ANTECEDENTES

En menos de una década después de la nacionalización de la industria de los hidrocarburos, un nuevo modelo petrolero empezó a implementarse en Venezuela. A partir de los ochenta, la política de la internacionalización desvió recursos multimillonarios para hacer inversiones petroleras en varios países consumidores industrializados, particularmente los  Estados Unidos. Posteriormente, esas inversiones fueron alimentándose con crudo venezolano vendido con descuentos de hasta cuatro dólares el barril. Todo esto con la finalidad de privar a nuestro pueblo de una buena porción de la renta petrolera para ser transferida al Capital Petrolero Transnacional. La Apertura Petrolera fue el paso siguiente. Esto es: los Convenios Operativos, las Alianzas Estratégicas y las Asociaciones bajo el Esquema de Ganancias Compartidas fueron las tres vías de la reinserción en Venezuela del Capital Petrolero Transnacional. Cabe destacar que la última modalidad nunca llegó a cristalizarse.

Un importante objetivo de las políticas de la Internacionalización y la Apertura ha sido la captura de la industria nacional por parte del Capital Petrolero Transnacional. Esto es: PDVSA sería un enclave. Para lograrlo era importante convertir a PDVSA en una especie de “caja negra”. En lugar de rendirle cuentas a su verdadero dueño, es decir el pueblo venezolano, su responsabilidad era para con el Sistema Petrolero Global. El fenómeno de la “caja negra” ocurría en las narices de la indigente clase política. Ésta refrendó, además de este fenómeno, las políticas de la Internacionalización y de la Apertura. En ausencia de un verdadero contrapeso político, los tecnócratas petroleros convertían a PDVSA en un Meta-Estado, el cual no era miembro de la ONU, pero tenía ingresos superiores al PIB de muchos países y al presupuesto de otros Estados. En el 2001, ese Meta-Estado tuvo ingresos brutos superiores al 50% del PIB del país al cual pertenece.

Excepto en algunas ocasiones [1] de la historia petrolera del país, la clase política mantuvo fuera del ámbito popular el tema petrolero. Esta triste realidad se agravó aún más después de la Nacionalización. Se esgrimía el argumento siguiente: La materia petrolera es muy compleja; por lo tanto, es sólo para expertos y entendidos, y éstos son apenas “tres gatos”. Sin embargo, un grupo de intelectuales y políticos nacionalistas, progresistas e izquierdistas [2] alzaron su voz para expresar su rechazo, entre otras, a las políticas de la Internacionalización, la Apertura, y la “caja negra”. En ese mismo contexto alertaron al país nacional sobre la gravedad de la instauración en Venezuela de un Meta-Estado Petrolero.

La irrupción de la crisis económica en 1978 en medio de la bonanza petrolera fue degenerando durante las dos décadas siguientes. El Viernes Negro estalló la crisis cambiaria. El 27 de febrero de 1989, en medio de la culminación de la euforia electoral de la vieja clase política, estalló la crisis social (El Caracazo). En 1992, estalló la crisis político-militar con dos rebeliones militares contra las políticas sociales anti-populares, contra las políticas económicas anti-nacionales y contra la corrupción. Pero también, contra las políticas de la Internacionalización, la Apertura y la “caja negra” de PDVSA. En 1994, estalló la crisis financiera con la quiebra de la mitad de los bancos y demás sociedades financieras. Sin embargo, en medio de la inestabilidad política, social y económica, la indolente cúpula tecnocrático-petrolera marchaba hacia la consolidación de PDVSA como Meta-Estado.

A lo largo de estas dos décadas de crisis interminable, el pueblo en su búsqueda de respuestas a muchas interrogantes, fue paulatinamente orientando su mirada hacia el petróleo. Alimentada con la opinión y la resistencia de un grupo de venezolanos vinculados al binomio del petróleo y la política, la intuición popular fue fortaleciendo la tesis del agotamiento del modelo de desarrollo basado en la renta petrolera. Paralelamente, el rechazo al modelo neoliberal ensayado en Venezuela durante la década de los noventa volcó el voto popular hacia la propuesta nacionalista, progresista y popular de Hugo Chávez Frías. En materia petrolera, la oferta de Chávez, a diferencia de los otros candidatos, fue contra las políticas de la Internacionalización y la Apertura. Esto es: por el rescate de la renta petrolera a favor del desarrollo nacional y la reversión del proceso de desnacionalización de la industria de los hidrocarburos. Así mismo, fue contra la “caja negra” y contra la consolidación de PDVSA como Meta-Estado.


LOS GOLPES PETROLEROS DEL 2002

A partir de los últimos meses del 2001 la ofensiva de las fuerzas conservadoras contra el proceso de transformaciones democráticas pasó a una nueva fase. Esto es: la agresión. El paro patronal del 10 de diciembre del 2001 constituyó el punto de partida de una coalición de fuerzas heterogéneas cuyo objetivo final era la toma del poder.

Después de tres años de su llegada a Miraflores, el presidente Chávez, consecuente con su propuesta petrolera, decide pasar a la ofensiva. Nombra una nueva junta directiva de PDVSA, presidida por Gastón Parra Luzardo. Esta valiente decisión iba contra lameritocracia” petrolera, guardia pretoriana encargada de proteger y defender el enclave venezolano del complejo petrolero global. Fue una medida contra el Capital Petrolero Transnacional.

La reacción del gran Capital Petrolero no se hizo esperar. Una perversa alianza entre Fedecámaras, los sectores reaccionarios de la CTV, el sector conservador y derechista de la oficialidad venezolana, el Opus Dei y otros factores menos importantes, todos bajo el paraguas del gabinete petrolero de Washington, considerado como la máxima representación política del Capital Petrolero Global, lograron manipular un sector importante de la sociedad venezolana y derrocar al gobierno legítimamente constituido el jueves 11 de abril del 2002.

Ante el asalto del poder por parte del entonces presidente de Fedecámaras Pedro Carmona Estanga y su camarilla en la tarde del 12 de abril, un movimiento cívico-militar liderizado por el general Raúl Isaías Baduel derrotó el primer golpe petrolero, rescató la constitución y restituyó al presidente Hugo Chávez Frías. Sin embargo, la actitud del gobierno frente a la “meritocracia” a partir de la primera intervención del presidente después de su retorno al palacio de Miraflores convirtió la victoria popular en derrota política frente al Capital Petrolero Transnacional. En lugar de ratificar a Gastón Parra Luzardo fue nombrada una junta directiva presidida por Alí Rodríguez Araque y  compuesta en su mayoría por “meritócratas” peones del verdadero enemigo del pueblo venezolano. Esto es: el Capital Petrolero Transnacional. Un firmante del decreto golpista de Carmona integró esa junta.

Siete meses fueron más que suficientes para que la junta directiva de PDVSA presidida por el Dr. Alí Rodríguez Araque preparara un plan de contingencia. Sin embargo, llegamos desprotegidos al 2 de diciembre del 2002. Ese día arrancó en cámara lenta el
segundo golpe petrolero. Una nueva agresión de parte del Capital Petrolero y sus “meritócratas” contra el pueblo venezolano estaba en pleno desarrollo. Sólo una alianza entre la FAN y los trabajadores petroleros honestos, nacionalistas y progresistas, contando con el apoyo del pueblo y su disposición a resistir el tiempo que fuese necesario, logró derrotar ese nefasto golpe. Un plan de resistencia y no de contingencia tuvo lugar durante más de sesenta días, gracias a la solidaridad nacional, regional e internacional.


EL FORO PETROLERO POPULAR

A partir de principios del 2002, el foro petrolero popular empezó a penetrar las comunidades. Con la reacción desproporcionada de la “meritocracia” contra el nombramiento en febrero de la junta directiva de PDVSA, el pueblo percibió que el golpe en marcha contra el Proceso olía a petróleo. Profesores y profesionales universitarios y luchadores sociales como Francisco Mieres, Carlos Mendoza Potellá, Víctor Poleo, Pablo Hernández, Eugenio Mora, David Paravisini, Elie Habalián y otros fueron desplegando ante el pueblo venezolano conocimientos petroleros en el terreno político, geopolítico, científico, tecnológico, económico, financiero, social, histórico y de relaciones internacionales. El debate petrolero, “exclusivo de los exquisitos”, se propagaba exponencialmente en el pueblo que, a medida que profundizaba en el tema, pedía más debate.

Después de la derrota del primer golpe petrolero, las puertas de los cuarteles fueron abiertas al debate petrolero. Las tropas, los sub-oficiales, los oficiales subalternos, los oficiales superiores, los generales y los almirantes de los cuatro componentes fueron paulatinamente incorporándose al Foro Petrolero Popular. Por primera vez, los militares en todos sus niveles, debatían con intelectuales y luchadores sociales asuntos tan importantes como la relación entre la geopolítica petrolera hemisférica y mundial y la seguridad de la nación; el manejo inadecuado de la renta petrolera y la seguridad del Estado; la incidencia del petróleo y de su renta sobre el desarrollo nacional y la integración latinoamericano-caribeña; la apertura petrolera y el derecho de propiedad de los hidrocarburos para el Capital Petrolero Transnacional.

Esta dinámica en espacios civiles, militares y cívico-militares fue propagándose en forma creciente en todo el país. De manera que, cuando se desencadenó el segundo golpe petrolero, el pueblo había avanzado bastante en la comprensión de la problemática petrolera y su incidencia en la política. Junto a la resistencia frente a la agresión del capital petrolero y su “meritocracia”, el pueblo dedicó tiempo y esfuerzo a debatir el pasado, el presente y el futuro del país en función de un recurso natural tan estratégico como el petróleo, cuyas reservas probadas le asignan a Venezuela el primer lugar del mundo. Este debate se mantuvo vigente y activo hasta finales del 2003. Sólo la entrada en escena del tema del Referéndum Revocatorio Presidencial –promovido por las fuerzas conservadoras del país y por otras no tan conservadoras- logra desplazar el debate petrolero del primer lugar de la sintonía popular.

El debate petrolero popular de los años 2002 y 2003 produjo en el pueblo la convicción sobre varios asuntos relacionados con el petróleo y la energía:

  • Revertir la política de la internacionalización.


  • Revertir la apertura petrolera y el proceso de desnacionalización.


  • Hacer de PDVSA una empresa transparente frente al pueblo venezolano, su verdadero titular.


  • Rescatar cuanto antes la capacidad tecnológica de PDVSA con adecuadas políticas.


  • Los hidrocarburos venezolanos son para el desarrollo nacional y la integración latinoamericano-caribeña. Satisfecha esta prioridad, los excedentes son negociados fuera de la región.


  • La industria petrolera constituye un asunto de seguridad del Estado. Esto impone la necesidad de diseñar un mecanismo cívico-militar de contingencia.


  • La “siembra del petróleo” significa la viabilización institucional de la renta petrolera hacia la educación, la salud, la vivienda, la seguridad social, la generación de nuevos empleos a través de la promoción de micro, pequeñas y medianas empresas de producción y de servicio,….


  • La realización de una constituyente petrolera con la finalidad de construir la nueva institucionalidad petrolera nacional y el diseño de las grandes estrategias y políticas energéticas del país.

 

LA NUEVA PDVSA

El desenlace de los dos golpes petroleros constituyó una extraordinaria victoria popular frente al poderoso Capital Petrolero Transnacional. Fue un gigante paso en la afirmación de la soberanía nacional sobre los recursos energéticos y su fabulosa renta petrolera. Fue una victoria popular contra la Apertura (desnacionalización) y contra la política de la Internacionalización (reciclaje de la renta petrolera hacia el Capital Petrolero Transnacional, caso emblemático: Citgo). En ese proceso de confrontación con el Capital y sus aliados y peones nacionales, en la defensa de la Constitución, la Soberanía, la Democracia y el derecho popular a la Renta Petrolera, todo el pueblo (chavistas y no chavistas; católicos, evangélicos, judíos y musulmanes; negros, mestizos, blancos y aborígenes; trabajadores, campesinos, clase media, intelectuales, buhoneros, desempleados, excluidos; y otros) protagonizó dicha victoria.

La capitalización de esa victoria significaba poner en orden las cosas relacionadas con el petróleo en particular y la energía en general. Dicho de otra manera: construir la nueva institucionalidad energética del país. Esto es: Soberanía, Seguridad y Defensa; Desarrollo y Progreso Nacional; Interacción con el Capital Petrolero Transnacional (anglosajón, francés, español, noruego, ruso, chino, de los países OPEP,…); la Renta Petrolera en su origen y el destino de dicha Renta;
Integración latinoamericano-caribeña. Sin embargo, el país nacional empezó a sentir después del paro petrolero que las acciones de las autoridades energéticas iban en una dirección difusa. Simultáneamente, cientos de vallas a lo largo y ancho del país repetían: “Chávez es el Pueblo”. Si Chávez es el Pueblo, entonces el deseo del pueblo es el deseo de Chávez. La política petrolera del pueblo es la de Chávez. Una estrategia basada en el “marketing” pretendió posicionar un nuevo macro-actor político: el Chávez-Pueblo. Éste es el “nuevo Soberano”.

El Chávez-Pueblo decide qué hacer con los veinte mil exـempleados petroleros (por cierto, todos menos los que él diga son escuálidos). El Chávez-Pueblo y no el MCT (Marlene Yadira Córdova) es quien decide sobre los asuntos tecnológicos de la Industria de los hidrocarburos. El Chávez-Pueblo es quien decide cuantos barriles de petróleo se producen y cuantos hay que reportar a la OPEP. El Chávez-Pueblo y no la AN ni el BCV (G. Parra) es quien decide
el destino de la Renta Petrolera, contribuyendo a la creación de un sistema de educación paralelo, un sistema financiero paralelo, un sistema de salud paralelo; un sistema de construcción de vivienda paralelo; en otras palabras, un Estado paralelo. El Chávez-Pueblo y no la AN y mucho menos el verdadero Soberano (referéndum consultivo), es quien decide transformar los Convenios Operativos en Empresas Mixtas por varias décadas. De esta manera, se reanuda al proceso de desnacionalización petrolera de Carlos Andrés Pérez, Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera.

Sobre la nueva PDVSA el pueblo parece percibir cosas como las siguientes:

  • PDVSA no es transparente. Sigue siendo una “caja negra”.


  • No se ha revertido la política de la Internacionalización.


  • No se ha revertido la Apertura. Los convenios operativos fueron convertidos en empresas mixtas y parece que habrá más alianzas estratégicas en la Faja. La Plataforma Deltana será explotada en asociación con el capital petrolero transnacional.


  • De meta-Estado PDVSA pasa a ser un para-Estado.


  • La eliminación de la Orimulsión responde al paradigma petrolero-automovilístico mientras conspira contra la integración energética latinoamericano-caribeña vía electricidad.


  • La descapitalización tecnológica de PDVSA conspira contra la victoria popular.


  • La política de la latinoamericanización de los hidrocarburos venezolanos y de la renta petrolera nacional debe ser re-evaluada y monitoreada para introducir los correctivos necesarios, en pro de la integración energética latinoamericano-caribeña.



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Notas:

[1] En 1943, el general Isaías Medina Angarita acudió al pueblo, a través del contacto directo, en busca de apoyo popular para la Reforma Petrolera. En 1975, se dio un debate petrolero nacional a propósito de la Nacionalización.

[2] Los más destacados fueron: Francisco Mieres, Luis Vallenía Meneses, Alí Rodríguez Araque, Gastón Parra Luzardo, Carlos Mendoza Botella, …










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