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Caracas / Venezuela -
 


La verdadera historia de Tarzán
Ana Black* / Soberania.org - 09/10/06

Para aquellos que todavía creen que Tarzán era hijo de ingleses y que se crió en las selvas africanas bajo la custodia de una chimpancé local, la lectura de éstas líneas puede llegar a significar un impacto de dimensiones bastante considerables, de manera que les recomendamos discreción si es que son eso que llaman espíritus sensibles. Y al grano que eso de estar dando las malas noticias a cuenta gotas es pavosísimo.

Tarzán, cuya denominación de origen era: Arrieta Pacheco Eustoquio de la Chiquinquirá, era... es hijo de Pacheco Rasquín Lucinda Teresina, originaria de la Mesa de Esnujaque, en el Estado Trujillo y de Montiel Arrieta Atilio Antero, nacido y criado en los Puertos de Altagracia del glorioso Estado Zulia. La parejita se conoció en uno de los tantísimos viajes que por su oficio de vendedor de libros nuevos, usados y por encargo hiciera Atilio Antero. Se enamoran, ella –discreta y casta maestra andina- de las excentricidades zulianas del vendedor de libros y él -desmedido y bohemio- de las habilidades declamatorias de la muchacha. Se casan, se empreñan (o al revés, de eso no tenemos certeza) y empiezan a pasar el trabajo hereje hasta que a Atilio se le ocurre vender las alianzas matrimoniales, la nevera y la cuna del niño para comprarse una barcaza de paleta e instalar en ella la primera Librería Lunch Flotante nada más y nada menos que en el río Caroní. Como era de esperarse eso fue un fracaso y estuvieron a punto de abandonar la idea -y el río- hasta que el Maracucho, como ya era conocido en la zona, le dio un giro... más bien un vuelco a la idea original y convirtió la barca en el primer “Cine Lancha Bailable” de la comarca. Éxito total, colas enormes, dos y tres funciones por día hasta que -agallúo come crudo- el maracucho, un sábado no sólo sobre vendió entradas para la tercera función de “Santo, el Enmascarado de Plata contra el Doctor Muerte”, sino que cuando terminó la película puso a ese gentío a bailar la conga para que les diera sed y así poderles vender el ron que ahora negociaba en lugar de los improductivos libros. ¡Claro que naufragó la barca! Naufragó y se ahogaron todos (aunque de eso no se tiene constancia) menos el pequeño Eustoquio, de apenas tres años de edad quien, vayusté a saber cómo, llegó a la orilla sano y salvo y con una suerte loca porque fue rescatado por el único grupo conocido de primates amazónicos quienes le dieron casa, comida y educación selvática a cambio de nada.

Así vivió aaaños. De repente se le escapaba a Kala, su mona madre, y se iba a espiar a la gente de las misiones, tanto las de curas españoles como las de pastores gringos. Así aprendió a leer, escribir y hablar en tres idiomas, porque dominaba a la perfección la lengua yanomami (y si contamos el lenguaje primate podríamos decir que el chico era... es políglota). Gracias a las muchachas que de vez en cuando visitaban a los misioneros, aprendió a bailar merengue y adquirió una que otra mala maña. Un día le dijo a Kala: “Má, me voy. Es que conocí a Juana María, una chama que me gusta burda y se a vivir a Puerto Ordaz y como estoy un poco harto de esta trepadera de palo, esta viajadera en bejuco, este puro comer mamón y merey que –by the way- creo que no se corresponden con mi condición de lampiño, voy a aprovechar para ver cómo es que viven mis pares. Te quiero mucho, viejita pero, no me la calo más. La bendición y ¡chao chigüira!”

Esta historia continuará...



[*] Ana Black / Email: anablack@cantv.net

 

 

 


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