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Caracas / Venezuela -
 


La aniquilación de la industria petrolera venezolana
Diego J. González C.* / Soberania.org - 20/07/07


El término aniquilación pareciera duro para referirse a lo que está sucediendo en una industria, pero cualquier sinónimo luciría blando para lo que está ocurriendo en la industria petrolera venezolana, otrora ejemplo de innovación, pujanza y éxitos.  Y más delicado aún es el impacto que tendrá esta situación en el mercado interno y en la economía del país, con graves daños para el país y sus ciudadanos.

¿Por qué estamos en tan grave situación? Sencillamente porque no se hacen las inversiones requeridas para mantener y elevar la producción de petróleo y gas, por lo que
la producción está en franco descenso, la actividad de refinación está en creciente deterioro, el comercio internacional en mengua, la seguridad de las instalaciones en crisis, el presupuesto no se ejecuta, ya no hay planes de negocios, y sus recursos humanos están en la peor situación laboral y de adiestramiento.

PDVSA perdió los recursos humanos que se necesitan para manejar una gran empresa energética de petróleo y gas, que fue capaz de tener un potencial de producción cercano a los cuatro millones de barriles diarios, que refinaba más de un millón de barriles en el país y otro tanto en el exterior,  que garantizaba el suministro al mercado interno de hidrocarburos, que organizó un exitoso instituto de investigaciones y creó una “universidad petrolera”, y que sus índices de incidentes y accidentes eran tan bajos que ameritaron reconocimientos y premios a nivel internacional.

¿Qué hacían esos recursos humanos?  Ni más ni menos que contribuir a que la empresa funcionara como debía ser. Con todo lo que pudiera haberse dicho en forma negativa de ellos, trabajaban, en las áreas y en Caracas, en un esfuerzo conjunto y silencioso de planificación continua, aunque muchos no se percataran de ello. Trabajaban en un proceso de planificación y ejecución continua. Ese personal insustituible, era evaluado anualmente y remunerado y adiestrado por su desempeño, sus aportes y logros individuales y colectivos.

Llegamos a esta situación no sólo porque
expulsaron más de 20.000 trabajadores, fue más grave, ocurrió porque despidieron la gerencia y a los planificadores de la industria, así como los ingenieros de petróleo, geólogos, geofísicos, petrofísicos y geoquímicos, entre otros profesionales,  indispensables para hacer que la industria petrolera funcionara en el mediano y largo plazo.  

En 2003 se le dijo al mundo que todo se había resuelto, así lo anunciaron las autoridades de PDVSA y el MENPET en foros nacionales e internacionales, pero no era así. Hoy, a cuatro años de haber el gobierno emitido esas opiniones, la realidad es que la producción de petróleo y gas está en los niveles más bajos desde  2001, cuando se produjo 3.342.000 barriles diarios - BD (cifras oficiales del MENPET). Hoy se están produciendo un millón de barriles menos. Los pozos cerrados, clasificados por el MENPET como capaces de producir, pasan de 20.000; el comercio exterior está disminuyendo, en especial hacia nuestro principal mercado como son los EE.UU. No hay actividad exploratoria. Las reservas de crudos medianos, livianos y condensados no se incrementan. La actividad en las áreas
donde se otorgaron licencias de gas no avanza. A casi ocho años de promulgada la Ley Orgánica de Hidrocarburos Gaseosos sólo hay una tímida producción adicional de gas que no llega a los 120 millones de pies cúbicos diarios (MMPCD). No se informa de algún incremento de las reservas de gas libre. Los gastos anuales de la estatal petrolera estarán este año por encima de los 20.000 millones de dólares (MM$) (en 2002 fueron de 8.100 MM$).

El problema de Venezuela es más grave de lo que piensan los políticos del gobierno y de la oposición, opinadores, economistas y el ciudadano de la calle. Está disminuyendo la producción de petróleos medianos, livianos y condensados, que son los que alimentan nuestras refinerías, de donde salen  los productos que se usan en el mercado interno (gasolinas, diesel, fueloil, kerosén, grasas y aceites entre otros).

Con esos crudos también se produce el gas por tubería y el gas de bombona que usan las plantas eléctricas, empresas de la CVG, las fábricas de cemento,  la petroquímica y los hogares. Ante esta situación, el país podría verse en una grave crisis de energía, y tendría la necesidad de importar masivamente gasolinas, diesel, fuel, kerosén y gas de bombona, a precios por supuesto internacionales, para que continúen funcionando sus industrias, su parque automotor, marítimo y aéreo, y las cocinas de cada hogar venezolano.  ¿habrá suficientes dólares para hacer semejante gasto?

También se incrementará el déficit de gas natural, por ser éste asociado a la producción de crudos medianos, livianos y condensados  que están en franca declinación (La producción de gas de Anaco no es suficiente). El gas faltante tendrá que ser sustituido por más derivados del petróleo (un círculo vicioso). Otra cosa delicada con la falta de gas es el posible paro del sector petroquímico que lo usa en gran escala como materia prima para producir los fertilizantes, metanol y las olefinas principalmente.

Finalmente,  tendríamos que dejar de cumplir con nuestros compromisos internacionales (lo único positivo es que se acabaría la regaladera de lo que no le pertenece al gobierno). Resumiendo, esta grave situación de la principal industria del país, de no corregirse, inevitablemente produciría un caos económico, social y político. Es un escenario que  debe ser analizado con la urgencia del caso.

Para los que piensen que las
"gigantescas reservas" de la Faja pueden resolver la situación, me permito decirles que es cierto que esos crudos extrapesados y bitúmenes  están allí, pero para producir algún día 3, 4, 5, o 6 millones de barriles diarios (MMBD) de ese gran reservorio se necesita planificación, know-how, inversiones y apertura y más apertura. Adicionalmente los materiales y equipos que se necesitarían no están esperando por Venezuela. !Que salga alguien a buscar las decenas de nuevos taladros para perforación horizontal que se necesitarían para la Faja, así como todo lo que se requiere para construir nuevos mejoradores, oleoductos, plantas eléctricas, medidores, materiales para muelles, y pare de contar!. Y en lo financiero cada barril nuevo de la Faja está por encima de los 20.000 dólares de inversión, y eso lleva mucho tiempo en levantarlo y aplicarlo para ver materializada esa producción.

Y ni hablar de las incógnitas ambientales que giran alrededor de la Faja: ocupación masiva del territorio, disposición del agua, coque y azufre a producirse, y lo más importante la infraestructura social (colegios, clínicas, instituciones bancarias, hipermercados, ferreterías, etc.) para producir millones de barriles, que por supuesto no existen en El Tigre, Morichal, Cabruta, Pariaguan, Zuata ni San Diego. Para construir tal infraestructura social se necesita confianza en que se respetará la propiedad privada.

Por otra parte, en la situación política actual y con una
Ley de Hidrocarburos con regalías exorbitantes y sin poder ser ajustadas a las realidades de  las inversiones, y con la figura obligada de las empresas mixtas con 60% para PDVSA, sencillamente no se vislumbra  que la Faja pueda aumentar su potencial de producción.

Para terminar, en lo económico el efecto será devastador, ya que Venezuela es un país cuyo presupuesto ordinario depende en casi 50% de esa industria, así como su peso en el PIB, y ni hablar de lo que representa para los programas sociales del gobierno. En segundo lugar se verá el efecto en las importaciones (estimadas en 47.000 de dólares para 2007), ya que es el factor que aporta el grueso de las divisas que se mueven en la Nación.


La solución

Como se ha escrito antes, hay solución. Se propone que el gobierno se decida a emprender de inmediato las siguientes medidas (se abrirán fuentes de trabajo para decena de miles de nacionales):

  1. Proceder a modificar la Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH), para incluir las figuras de los Convenios Operativos, la Exploración a Riesgo y Ganancias Compartidas y las Asociaciones Estratégicas, con participación minoritaria de la empresa estatal en esos negocios; y volver a la figura de las regalías flexibles en función de las características de cada nueva licencia.

  2. Modificada la LOH, proceder a otorgar masivamente licencias y permisos a empresarios nacionales e internacionales, que las soliciten para participar en el negocio de los hidrocarburos, en especial en la reactivación de los pozos cerrados y campos inactivos, en proyectos de recuperación suplementaria, en la exploración de los más de 600 prospectos que hay en el país, en especial para desarrollar reservas de crudos livianos; y en el desarrollo de la áreas costa afuera y en nuevas áreas de la Faja.

  3. Aplicar en toda su extensión y sin peajes la Ley Orgánica de Hidrocarburos Gaseosos para incrementar sustancialmente la producción de gas a la brevedad. Será necesario aumentar los precios del gas, a niveles tales que paguen las inversiones y gastos, como lo establece la Ley.

  4. Colocar a Petróleos de Venezuela en la Bolsa de Valores (ver el éxito alcanzado por las estatales Petrobras y Statoil al tomar esta decisión), dándole prioridad a los venezolanos para adquirir las acciones. La inscripción en la bolsa venezolana eventualmente también aplicará para las nuevas empresas privadas que se creen.

  5. Abrir el mercado de refinación y el petroquímico a consorcios internacionales (por las altas inversiones y bajos retornos) con participación accionaria de capitales venezolanos en las nuevas empresas.  

  6. Abrir el Mercado Interno de los hidrocarburos masivamente a los particulares (se necesitan más de 1.500 estaciones de servicio y conveniencias). Habrá que revisar los precios de los productos.

  7. Apoyar las empresas nacionales proveedoras de Bienes y Servicios para que participen activamente en el desarrollo de las nuevas actividades, donde puedan tener participación accionaria si lo desean.

  8. Y la joya de la corona: crear Ley para distribuir las regalías y los dividendos de la estatal entre los venezolanos, a través de planes concretos de pensiones, salud y educación; con distribución de efectivo por el rendimiento de la inversión del Fondo de Regalías que se crearía con la Ley (prohibiéndole al gobierno ejecutivo participar de forma alguna en el mismo).

 

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Nota del autor:

Después que escribí este artículo, escuché la interpelación a Luís Vierma (18/07/07): pura coincidencia que el vicepresidente de PDVSA haya reconocido la delicada situación en que está la estatal. Caracas, 18 de julio de 2007.

 

 


[*]
Ing. Diego J. González Cruz / Consultor / E-mail: gonzalezdw@cantv.net

 

Artículos del autor:

Sobre el factor de recobro
de la Faja del Orinoco

Diego J. González C.* / Soberania.org - 27/06/07

Etanol hasta en el monte
Diego J. González C.* / Soberania.org - 23/03/07

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anual 2006 y perspectivas 2007

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