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Caracas / Venezuela -
 


Constituciones
Luis Marín* / Soberania.org - 19/09/07

Esta dictadura comenzó con un proceso constituyente, en que se aplastaron las precarias instituciones existentes para fundirlas en un amasijo apelmazado de un único poder personalista. Luego de casi una década de luchas intestinas, más de cien mil asesinados y quinientos mil millones de dólares dilapidados, ahora estamos en un proceso constituyente.

Esta sola circunstancia debería ser una señal de alerta para los seguidores del proceso en Bolivia y Ecuador, que ya deberían ir pensando qué les van a decir a sus electores, a vuelta de unos años, cuando enfrenten la certeza de que la revolución bolivariana no conduce a ninguna parte, como no sea a una reedición extemporánea del castro comunismo cubano.

Qué dirán los próceres de la constituyente del 99 cuando se encuentran que allí dónde se proclamaba que la soberanía reside en el pueblo quien la ejerce mediante el sufragio, ahora se dice todo lo contrario: "El pueblo es el depositario de la soberanía y la ejerce directamente mediante el poder popular", que "no nace del sufragio ni elección alguna". En estricto derecho, un depositario es quien recibe una cosa del dueño para guardarla y devolvérsela como la recibió, una vez cumplido un plazo determinado.  A eso se reduciría el pueblo, de titular a depositario de la soberanía; por si fuera poca la incongruencia de que se le llame al sufragio para que decida, mediante el voto, que las elecciones no son expresión del "poder popular". ¿Cómo se puede usar el voto contra sí mismo, para establecer la negación de las elecciones?

Pero eso no es lo único ni lo peor. Donde los próceres constituyentes habían escrito que se garantiza el derecho de propiedad, ahora "se reconocen y garantizan" diferentes formas de propiedad, entre las cuales, la propiedad privada "se reconoce sobre bienes de uso y consumo".   Esa reincidencia sobre la expresión "reconoce" no es gratuita ni casual, implica que otra cosa puede no ser reconocida. Clásicamente, la propiedad no necesita reconocimiento porque es un derecho anterior a la constitución; lo que sí se establece es la garantía de ese derecho que se supone inmanente al ser humano.

Reducirla al "uso y consumo" es como decir que se es dueño de lo que se lleva puesto y de lo que se come, pero no por cierto de una cadena de tiendas o una cosecha.  Aquí se apunta a la eterna obsesión de todos los socialistas: el tema de la herencia.
Vamos a ver qué pasará el año que viene cuando un simple causahabiente trate de presentar una declaración sucesoral sobre un cierto patrimonio, que no tiene ni que ser extenso. ¿A dónde irán los bienes que no sean de "uso y consumo"?

Allí dónde los próceres de la constituyente habían dispuesto un Banco Central con autonomía, ahora, sin fórmula de juicio, se dice "sin autonomía". ¿Quiere decir que los próceres constituyentes no tenían razones valederas para hacer lo que hicieron en "la mejor constitución del mundo"? ¿Se puede decir una cosa o todo lo contrario impunemente? Parece que todo diera igual; pero algo se subleva en el sentido común, que dice que eso no puede ser.

En verdad, ninguna institución ha sido inventada en Venezuela, tanto menos el Banco Central.   Su constitución y funciones han sido importadas de los países más desarrollados de Europa y los EEUU.  Se adapta a una cierta concepción de la economía y las finanzas, que tampoco es gratuita, sino el producto de una larga y dolorosa experiencia práctica de crisis económicas e inflación. ¿Puede ahora Venezuela darle lecciones al Bundesbank y decirle a todo occidente que ellos son arbitrarios, por lo que nosotros también podemos serlo? Y esta no es la primera vez que ocurre. Recordemos cuando el tipo ese dijo que los bonos basura de Argentina eran muy buenos y que más basura serían los Bonos del Tesoro de los EEUU, por lo que Venezuela se lanzó a invertir en bonos argentinos y se desprendió de los Bonos del Tesoro. No se sabe si reír o llorar.

A esto se le llama "voluntarismo". Si el tipo decide que es, entonces es. Un pequeño problema filosófico es que, para el marxismo, el desenvolvimiento histórico es producto de la tensión de fuerzas productivas y relaciones de producción que son totalmente independientes de la voluntad de las personas. El marxismo es inequívocamente anti voluntarista. Este es precisamente el punto en que el comunismo leninista se da la mano con el fascismo ordinario. La voluntad del führer es la suprema ley de la tierra, el verdadero principio constituyente.


¿Para qué sirve y para qué no sirve una constitución?

La constitución sólo sirve para dos cosas: para establecer la estructura esencial del Estado, esto es, la división de poderes y para garantizar los derechos de los ciudadanos.  Al punto que en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 se dice solemnemente que "una sociedad en la que no está asegurada la garantía de los derechos ni determinada la separación de poderes, carece de Constitución".

Los derechos naturales e imprescriptibles del hombre son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.   Derechos que no requieren declaratoria ni reconocimiento porque son anteriores y de algún modo superiores a la Constitución, por lo que una pregunta crucial es si se puede hacer una constitución justamente para negar los principios en que se basa el constitucionalismo moderno.

Definitivamente, una constitución no puede servir para concentrar el poder público (abolir la división de poderes) y negar los derechos de los ciudadanos, en ese caso, como dice la DDHC en su artículo 16, no hay Constitución.  Para los que se alarmaban porque Venezuela hubiera retrocedido hasta el siglo XIX, ahora resulta que ya vamos por el siglo XVIII.

La Constitución se ha establecido para consagrar una esfera de derechos individuales que no puede ser traspasada por los demás individuos, ni por el Estado, edificando una barrera contra la opresión. Es un contrasentido que establezca como principio "la preponderancia de los intereses comunes sobre los individuales".   No solamente porque una comunidad no puede estar hecha sino por individuos y cuando se vulnera el interés de uno, se están vulnerando los intereses de todos; sino porque es una verdad siempre confirmada que la desgracia del individuo no puede conducir a la felicidad de todos. Más bien al contrario, la satisfacción de cada uno en particular es el único camino que conduce al bienestar colectivo.

Así como no se puede tener una familia en armonía fastidiando a cada uno de sus miembros por separado o no se puede pretender que una comunidad esté sana si se enferma cada uno de sus miembros aisladamente considerados, tampoco se puede pretender que una sociedad sea feliz haciendo desdichado a cada uno de sus miembros individuales. Esto ya debería ser una conquista de mero sentido común.

La incongruencia es el sino de la propuesta de nueva constitución. Por ejemplo, a la vez que se impone al Banco Central supeditar sus funciones a los objetivos superiores del Estado Socialista, se manda a perseguir "la mayor suma de felicidad posible para todo el pueblo".   Es imposible dejar de preguntarse cómo es posible que se coloque la supremacía del Estado Socialista al lado de la consigna del utilitarismo inglés, flor y nata del liberalismo político y económico. Esto parece una burla, pero quizás no lo es. Debe haber algo de confesión post modernista en este permanente afán de confrontar sistemas contrapuestos, contradictorios e incompatibles. Es declararse marxista leninista y aparecer luego empuñando un crucifijo, para de allí pasar a abrazarse y besarse con los fundamentalistas islámicos, sin solución de continuidad. La incongruencia y el desatino llevan de la mano a la propuesta de una constitución inconstitucional.

Se prohíbe el financiamiento externo de organizaciones políticas o electorales, precisamente lo que este régimen hace en demasía y lo que más se le critica; o bien se prohíben los monopolios, pero acto seguido se reserva la explotación de los hidrocarburos "líquidos, sólidos y gaseosos", es decir, constituye un monopolio, con la aclaratoria de que no es el único sino que puede formar otros sobre cualquier bien que considere estratégico. De manera que las normas constitucionales son para los demás, pero es evidente que el régimen no se considera vinculado por ellas.


Quien haya oído la defensa del embajador Jorge Valero en el seno de la OEA, no puede dejar de extrañarse de que en los exhaustivos ejemplos de elección continua o indefinida que cita para ilustrar la raigambre democrática de su propuesta, refiere sólo democracias liberales capitalistas que no tienen nada que ver con su proyecto político; en cambio omite los casos de Cuba, Bielorrusia, que han asesorado directamente, Zimbabwe, Corea del Norte y Libia, que le sirven de inspiración. ¿Esto es doblez, falsía, poner la hipocresía como sistema o es otra cosa? Quizás detrás de todo esto hay una suerte de bancarrota ideológica y la creencia completamente infundada de que el caos puede funcionar, en un mundo de relativismo moral y cinismo político.

Sólo un ejemplo más, para no ser demasiado reiterativo. La fuerza armada que deja de ser una institución esencialmente profesional, sin militancia política,   para ser "un cuerpo esencialmente patriótico, popular y antiimperialista", con denominación de partido, "bolivariana". De estar al servicio exclusivo de la nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna, "estará siempre al servicio del pueblo venezolano en defensa de sus sagrados intereses y en ningún caso al de oligarquía alguna o poder imperial extranjero".

Esto sólo puede entenderse de dos maneras: o bien ahora podrá estar al servicio de persona o alguna parcialidad política, que fue el punto que se suprimió expresamente; o bien antes, incluidos estos últimos diez años de revolución, había estado al servicio de la oligarquía y del poder imperial extranjero, pero en todo caso, nunca al servicio del pueblo, que fue lo que se agregó. Si no es así, quitar y poner no tiene sentido y da lo mismo lo que diga la constitución al respecto.


Y aquí llegamos al fin de la cuestión. Es extraordinariamente irónico que el mito de la Constitución, como todos los mitos a que sucumbimos los venezolanos, sea un invento norteamericano, que fueron los que crearon el instrumento que, como todos los otros, nos deslumbra. En cambio, los aliados más conspicuos de EEUU, Reino Unido e Israel, no se han tomado la molestia de adoptar una constitución escrita al estilo americano. Sorprende que la primera Constitución escrita tenga apenas 7 artículos y sea la única que ha regido la Unión por más de dos siglos, con algunas Enmiendas, casi todas en el sentido de ampliar los derechos civiles de los ciudadanos. La famosa XXII Enmienda prohíbe que se reelija a la presidencia a la misma persona más de una vez, con períodos de 4 años. En mucho menos tiempo, Venezuela va para 27 Constituciones. Incluyendo una llamada "Constitución Suiza", porque a un caudillo del siglo XIX se le ocurrió que si teníamos una constitución así, Venezuela iba a ser como Suiza. Quizás ese sea el origen de la famosa expresión según la cual los venezolanos "no somos suizos".

Esta idea de la constitución suiza no es menos extravagante que la idea de que se puede decretar una revolución comunista cambiando la constitución, lo cual es un rarísimo caso de extremo formalismo jurídico, como jamás se había visto ni siquiera en Latinoamérica, un continente plagado de caudillos atrabiliarios.

Los comunistas van a fracasar no porque no puedan realizar sus propósitos, sino precisamente porque van a hacerlo. Entonces se verá con absoluta nitidez que sus declaraciones de propósitos no tienen nada que ver con sus acciones concretas, ni con los catastróficos resultados que finalmente producen. A esto lo llaman materialismo histórico y dialéctico: la utopía se extingue realizándola.

 

 

(*) Luis Marín, Abogado y politólogo venezolano. Graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV) - Caracas en 1981. Profesor de la UCV (1988-1998) / E-mail: lumarinre@gmail.com

 

 


 

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