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Caracas / Venezuela -
 


Gases del oficio energético en Venezuela
Eleuteria Uhuru* / Soberania.org - 28/10/08


La ironía de la gerencia energética de la V

¿Es usted uno de los ciudadanos venezolanos que en medio de su trabajo o en pleno mediodía en su hogar se ha quedado sin electricidad o sin gas para cocinar? ¿Le ha tocado vivir la experiencia de estar viajando por carretera y al entrar en una estación de gasolina no pueden servírsela porque no hay electricidad? ¿Ha sufrido el estar esperando a la salida de un quirófano a un familiar y rogar a la vida que la planta de emergencia de electricidad alcance para que sobreviva? ¿Algún trabajo perdido en su computadora que ya casi había terminado? ¿Se dañó su nevera o TV?

La ironía se extiende hasta muy lejos: Hasta hace pocos años la palabra apagón solo era de común uso entre quienes vivíamos en poblados remotos del país o los tradicionalmente olvidados habitantes de Coro en el Estado Falcón. Pero estos últimos años, y especialmente desde el 2006, la palabra apagón ya forma parte del argot popular como una suerte de tragicomedia nacional.

Tan perverso como el problema es la falta de explicaciones coherentes por parte de los voceros de las instituciones y empresas responsables de la administración del recurso. Pero sin duda la gota que desborda esta corriente de apagones que tienden a volverse un tsunami, es que se felicite en público a aquellos cuya lastimosa gestión gerencial apenas puede identificar el problema después que lo hemos sufrido. Es como que el médico tratante de mi padre no haya podido sanarle de un inexplicable dolor y luego de morir y hacer una autopsia yo le felicite porque descubrió que mi viejo tenía una obstrucción intestinal (empacho, para quienes nada sabemos de ciencia médica) que pudo haber sido sanada con algún medicamento existente en el mercado desde hace décadas.

Lo irónico de los apagones es que se suceden en un país con una de las mayores reservas de materia prima energética del mundo en petróleo y gas. ¿Cómo explicar que la electricidad, cuya base de generación son derivados de hidrocarburos o fuerza motriz del agua, ambos re-que-te-abundantes en nuestro subsuelo, hayan proliferado mientras seguimos atontados mirando propaganda electorera que obvia tratar con seriedad este gravísimo problema?

Pero, si de ironías se trata, la del gas quemado por PDVSA es otra tragicomedia digna de condenar.


¿Cuánto gas quemamos?



Datos obtenidos de trabajos de ingeniería en el área petrolera estiman que 200 millones de pcg quemado equivalen a unos 33.000 barriles de crudo. Otras estimaciones realizadas para la Planta de Gas en Jusepín (Estado Monagas) señalan que cada quemador de gas (mechurrio) en esa planta puede quemar 100 millones de pcg por día, y considerando que existen al menos 3 mechurrios cuya llama supera una columna de 6 metros de altura, se puede estimar que sólo en esa planta se queman más de 250 millones de pies cúbicos de gas (ver fotos).

La causa: el gas que se quema en estas plantas es gas procedente de producción de crudos de los campos de la zona de Monagas (Norte y Sur). Ese gas debería ser normalmente recibido por las tuberías de producción, separado, enviado a compresores para aumentar su presión, y finalmente re-inyectado a los yacimientos. Los componentes más pesados del gas son más difíciles de procesar y deberían ser lo único quemado normalmente, reduciendo el desperdicio de materia prima y el daño al ambiente. Pero cuando los compresores fallan o el ciclo de reinyección no se cumple, la casi totalidad del gas se quema. De modo que el problema es la falta de mantenimiento de los compresores y su correcta operación, así como la incapacidad gerencial para cumplir eficazmente el ciclo de procesamiento e inyección del gas. En una frase “FALTA DE GERENCIA EFICAZ”.

El costo: Estimando que 250 millones de pies cúbicos de gas seco pueden ser el equivalente a unos 41.000 barriles de crudo que se queman, y tomando 60 dólares como referencia, se tiene para Venezuela una pérdida de 2.5 millones de dólares por día, 912 millones de dólares al año, solamente por la quema en esa planta en Jusepín.

El costo ambiental es deplorable, todo ese gas se va a la atmósfera, buena parte convertido en el letal CO2 que magnifica el efecto invernadero y al llover se vuelve a tierra convertida en lluvia acida, destruyendo sembradíos e inutilizando tierras fértiles.

El costo fiscal es enorme, pues la forma en que mucho del gas que se quema está siendo extraído es robándole la energía natural a yacimientos de crudo pesado. Cuando ese gas que se encuentra sobre el crudo es extraído no habrá forma que este último pueda salir convirtiéndose en “crudo inamovible”. Ese crudo NO PODRA SER PRODUCIDO, lo que reduce las reservas, encarece los costos de producción y  obstruye la producción en los pozos.

Son muchos los yacimientos que están sufriendo esta perversa práctica en Oriente y Occidente. ¿Lo duda? Sólo pregunte a los tesistas de Universidades y a los profesionales de PDVSA en Anzoátegui, Monagas y Zulia, quienes le confirmarán esto sin vacilar, siempre y cuando se mantenga su anonimato claro (nadie quiere que le den un “carajazo”).

El costo moral es letal para una nación sedienta de precedentes de honestidad  y profesionalismo, pues aunque existe legislación ambiental rigurosa en cuanto a la quema de gas, no hay valentía en el MEMPET o el MARNR  como para paralizar las operaciones de la industria violadoras de la ley, y quien lo hace debe estar preparado para hallar trabajo en otro Ministerio u otro país. En los pasillos de esos ministerios se conoce del grave problema de una planta desulfuradora en el Lago de Maracaibo que ha venido quemando gases ácidos hasta un 100% más de lo permitido por ley. Pero ¿Quién se atrevería a decir o hacer algo?

La ironía cercana: mientras en gas se quema en plantas como la de Jusepín, en pueblos y regiones de ese entorno petrolero los pobladores deben hacer sus colas para adquirir el gas en bombonas, y los apagones se incrementan. El gas que se quema, bien administrado, seria la base para
generación de kilovatios de electricidad. Paradojas de la gerencia energética de esta nación.

Por otro lado, tenemos que traer gas desde Colombia, a duras penas se pueden bombear 60 millones de pies cúbicos de gas para alimentar la planta de Pequiven en el Estado Zulia, el Complejo Refinador Paraguaná muchas veces trabaja en niveles críticos y hasta ha llegado a pararse circunstancialmente por no recibir gas suficiente, y el proyecto para conectar en Lara y hacia Falcón la provisión desde Anaco, en el Estado Anzoátegui, sigue sin culminarse.

¿Puede alguien explicar semejante desidia? ¿Alguien que asuma la responsabilidad? ¿Algunos ministros  que, aunque sea para guardar las apariencias, sean detenidos o expulsados sin honores, como en los viejos ejércitos a los hombres sin honor? ¿Alguien con agallas en el MEMPET o MARNR para poner las cosas en sitios paralizando las empresas que violen la legislación ambiental? ¿Alguien que recompense la capacidad y castigue la ineficacia y no lo opuesto?

La respuesta es NO, pues en todas esas instituciones el control está en el sector político partidista  de la “revolución” y, hasta ahora, continúan demasiado ocupados en circos y carnavales electoreros, en defender a un gobierno que, a carajazos y empujones, sigue llevando a PDVSA a un destino similar al del gas...su desperdicio.

A la vuelta de la esquina se ven venir de regreso las empresas transnacionales, y si la crisis económica mundial y la baja del precio del barril se acentúa, este gobierno o el que venga, tendrá que hacer un ejercicio de adulación muy significativo para traer de nuevo inversiones y conocimiento que sea capaz de apagar lo que se está quemando.

 

 

[*] Eleuteria Uhuru - Email: eleuteriauhuru@yahoo.com



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