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Caracas / Venezuela -
 


La “soberanía” bolivariana
Orlando Ochoa Terán* / Semanario Quinto Día (Venezuela) - 29/05/09

Cuba, el país que condiciona la soberanía interna de Venezuela e inspira las ideas y la praxis de la revolución, es paradójicamente más pequeño, más pobre y más atrasado culturalmente, pero más avanzado que los sectores bolivarianos de la población que el gobierno privilegia.




La soberanía es el supremo poder mediante el cual un Estado es gobernado. En teoría política se distingue entre soberanía interna y externa. La primera se refiere al monopolio de la coerción y a la imposición del imperio de la ley a todos sus ciudadanos sin distinción en los límites de su territorio y la segunda al reconocimiento y legitimación por parte otros estados.

Existen casos en los cuales una se encuentra separada de la otra. Grupos rebeldes han logrado imponer la soberanía en espacios territoriales sin el reconocimiento de otros estados. El gobierno de Taiwán posee el control de su soberanía interna y un precario reconocimiento de otros estados. La Autoridad Palestina es reconocida por la comunidad internacional con un limitado ejercicio de su soberanía interna.

La concepción absoluta e indivisible de soberanía ejercida por una sola persona ha dado paso a una noción moderna de ceder parte de la autoridad soberana a instituciones o leyes supranacionales en beneficio de todos los estados.


Soberanía bolivariana

Pese a la retórica patriotera pocas veces en la historia de Venezuela la soberanía ha sido tan intervenida y condicionada como la ejercida por el régimen bolivariano. El caso de la manifiesta intervención de Cuba en los asuntos internos de Venezuela, con los auspicios del gobierno nacional, es tan bochornosa que sólo se puede comparar con la que ejerce Venezuela en ese otro estado apéndice que parcialmente gobierna Evo Morales.

El Estado venezolano, por boca de sus representantes, ha ratificado una y mil veces que su acción discrimina a determinados sectores de la sociedad y así lo siente gran parte del país. En este sentido y para todos los efectos prácticos existe una retorcida soberanía interna que privilegia a unos ciudadanos al tiempo que arrebata a otros de sus derechos.

En virtud de que el sector más educado de la sociedad venezolana es sospechoso de disidencia el gobierno bolivariano lo ha despojado de parte de sus derechos y se ha visto obligado a entregar la administración de órganos esenciales del Estado venezolano a extranjeros.


Soberanía interna

Ningún gobierno del Hemisferio Occidental y muy pocos en otras latitudes han sido asociados a tantos obscuros incidentes en tan diferentes áreas del planeta. En marzo del año pasado, mientras los medios se ocupaban de las computadoras de Raúl Reyes, el ex embajador de Polonia en Bielorrusia,  Mariusz Maszkiewicz,  acusó al gobierno de este país de usar la compañía estatal Belneftekhim de lavar dinero para Pdvsa.

Meses después el gobierno bolivariano es asociado al general Vladimir Zagorec,  ex viceministro de Defensa de Croacia durante la guerra de los Balcanes quien huye a Austria acusado de tráfico de armas, fraude, robo de joyas. Próximo a ser extraditado, la policía austríaca develó un plan de escape con dos alternativas organizadas por la Mafia rusa. Trasladarlo a Venezuela –según relata el diario Nación de Austria- en razón de las relaciones de este país con el gobierno del presidente Chávez o llevarlo a Sudán, el país gobernado por Al Bashir, recientemente imputado por la Corte Penal Internacional para ser enjuiciado por genocidio.

El caso del maletín de Antonini y las especulaciones sobre decenas de otros casos parecidos que han circulado en otros países se unen a la sospecha de una larga cadena de agentes de influencia comprados con petrodólares en casi todo el Hemisferio Occidental. En estos incidentes se incluye el entramado de
corrupción que vincula a Pdvsa con multimillonarias importaciones de alimentos con compañías nacionales testaferros que libran una guerra intestina por comisiones que algunos se niegan a cumplir y otros a cancelar.

El deterioro de la soberanía externa explica la reticencia de admitir a Venezuela en Mercosur y que la ONU y la OEA cuestionen la vigencia de los DDHH en Venezuela. La reciente amenaza del presidente Chávez de abandonar la OEA y unirse a
Cuba en su aislamiento es admitir la precariedad de la soberanía externa. Esto aproximaría a Venezuela a los estados con las más limitadas de las soberanías externas tales como Cuba, Sudán, Corea del Norte e Irán.  Un camino que conduce a niveles de Estado forajido.

 

 

[*] Orlando Ochoa Terán / E-mail: o.ochoa@att.net

 

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